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Saint Laurent redefine el lujo prêt-à-porter con su desfile otoño 2026

La maison Saint Laurent ha dado inicio a la temporada de presentaciones internacionales con una colección que trasciende lo meramente estilístico, alzichtando el sesenta aniversario de «Le Smoking», la pieza que Yves Saint Laurent concibió en 1966 para redefinir el guardarropa femenino. Este hito no solo se celebra con nostalgia, sino con una propuesta que dialoga entre el legado indeleble de la casa y la锐视角 del director creativo Anthony Vaccarello, quien este año cumple una década al frente del equipo de diseño.

El origen de esta revolución no estuvo exento de controversia. El propio Yves Saint Laurent recordaba en sus memorias cómo la introducción del esmoquin para mujeres provocó un escándalo en los círculos parisinos de la época, citando como ejemplo emblemático el día en que la cantante Françoise Hardy asistió a la Ópera con dicha prenda, generando indignación y protestas. Aquella osadía, que en su día se consideró una afrenta a la etiqueta, sentó las bases de un código de empoderamiento que perdura. Vaccarello, consciente de este peso histórico, admitió que la cercanía del aniversario condicionó sus primeras bocetos para la temporada otoño/invierno 2026, aunque confiesa unaaira constante: «Siempre hay un pasado que me persigue un poco en Saint Laurent; siento la obligación de mantener un vínculo con la historia de esta casa. Pero tratoalways de trascender la nostalgia para llegar a un lenguaje contemporáneo».

La colección presenta una dualidad magistral. Por un lado, los smokings, punta de lanza del homenaje, se reinterpretan con la inconfundible silueta alargada, cuellos profundos y una sastrería de precisión casi quirúrgica. Vaccarello, que ya ha explorado este código en anteriores temporadas, va un paso más allá al confeccionar trajes diurnos en tejidos fluidos de rayas finas y mínima estructura, que conservan la sensualidad y la actitud de la noche pero adaptándose a la luz del día. Por otro lado, experimenta con laтекстura al rigidizar el encaje mediante una aplicación de látex, transformándolo en chaquetas de estructuramodernay faldas rectas que juegan con la dualidad entre lo delicado y lo agresivo. Los vestidos de encaje, en paletas de color inesperadas, se erigen como piezas clave, tan reconocibles como la fragancia Opium que se difundía en el espacio de la pasarela, una instalación que evocaba el minimalismo doméstico de Ludwig Mies van der Rohe.

El estilismo refuerza esta narrativa de sofisticación暗黑. Los rostros lucían ojos ahumados y recogidos pulcros, mientras la joyería dorada, de volúmenesgenerosos, incluía aretes con forma de paloma de un tamaño casi de broche. El calzado, sin embargo, grita la autoría de Vaccarello: las slingbacks de tacón con un hocico alargado y几何ico son ya un sello distintivo.

Como interludio, la colección mostró piezas de abrigo envolventes en shearling que funcionan como mantas, chaquetas bomber con mangas de murciélago y túnicas de corte vagamente medieval, ceñidas a la cadera con cinturones bajos. Estos elementos aportan una dimensión práctica y cotidiana, un respiro entre la intensidad de la sastrería y el encaje.

Ante la proliferación de propuestas similares en otras firmas, Vaccarello desgrana con seguridad lo que, en su opinión, distingue al original: «Porque está mejor cortado. Esa manga… creo que reconoces una chaqueta o unos pantalones de Saint Laurent al instante. Ves copias por la calle, pero no son lo mismo». Cuando se le pregunta por el origen de esa cualidad intangible, esboza una sonrisa y sentencia: «Es el secreto de la casa».

Finalmente, un detalle que rompe con la tradición de la maison: aunque Saint Laurent es conocida poromitir deliberadamente los bolsos de sus desfiles, en la salida final las modelos en esmoquin portaban pequeños clutchs. Vacccarello aclara con precisión: «No es un bolso, es una cartera. Lleva un teléfono, una tarjeta de crédito, una foto de sus hijos y nada más». Esta puntualización subraya la filosofía de la colección: precisión, funcionalidad contenida y un lujo que se mide en detalles, no en ostentación.

El desfile de Saint Laurent para otoño 2026 se erige así como un manifiesto sobre la vigencia de un ícono. No se trata de una mera réplica del pasado, sino de una evolución inteligente que respira el espíritu de su fundador —aquel que hizo del esmoquin un uniforme de libertad— mientras se inyecta de la energy y la precisión de la contemporaneidad. En un panorama fashion donde las referencias se multiplican, la maison demuestra que, a veces, el verdadero secreto no está en inventar algo nuevo, sino en dominar hasta la última costura de lo que ya es eterno.

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Escrito por Redacción - El Semanal

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