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‘Scream 7’ bate récord de preestrenos

El éxito arrollador de «Scream 7» en sus primeras proyecciones, con 7,8 millones de dólares recaudados, no solo confirma el tirón de una de las sagas de terror más longevas, sino que también ha puesto sobre la mesa una reflexión ineludible en la industria de la moda: el poder de la estética cinematográfica para imponer tendencias. La película, que llega hoy a 3.540 salas en Norteamérica y 52 mercados internacionales —entre ellos España—, ha despertado un interés particular por su lenguaje visual y, específicamente, por el vestuario de sus personajes, que ya es señalado como un referente para la próxima temporada.

El regreso de Neve Campbell como Sidney Prescott, tras ausentarse en la entrega anterior por dispute salarial, no es solo un evento narrativo, sino también estilístico. En «Scream 7», su evolución hacia una madre protectora se refleja en un armario que abandona la inocencia de los noventa para abrazar una estética práctica y sofisticada, con siluetas amplias, tejidos tecnológicos y una paleta de colores oscuros que confirman la influencia del «normcore» de alta gama. Según expertos en moda cinematográfica consultados por este diario, el look de Sidney busca equilibrar funcionalidad y elegancia, una combinación que ya anticipan marcas españolas como subscribirse para sus colecciones de otoño-invierno.

Junto a Campbell, Courteney Cox recupera su papel como Gale Weathers con un estilo que mantiene su esencia de periodista intrépida, pero actualizado con cortes más estructurados y accesorios de cuero, detalles que los diseñadores de vestuario han calificado de «intencionalmente narrativos». Cada prenda cuenta una historia, y en el caso de los personajes femeninos, la transición de la víctima a la superviviente se simboliza a través de prendas que priorizan la movilidad, sin renunciar a un delineado pulido. Este enfoque, alejado de los estereotipos de slasher, está siendo replicado en pasarelas urbanas de Madrid y Barcelona, donde ya se ven versiones de las chaquetas técnicas y botines que lucen las protagonistas.

La película, dirigida por Kevin Williamson y con un presupuesto de 45 millones de dólares —financiado mitad por Spyglass y mitad por Paramount—, tiene también un componente tecnológico que la convierte en pionera: será la primera de la franquicia en estrenarse en formato IMAX y premium. Este salto visual incide directamente en la percepción del vestuario, cuyos detalles se capturan con una nitidez que incentiva la apropiación por parte del público. La máscara de Ghostface, icónica desde 1996, ya ha trascendido la pantalla para convertirse en un motif recurrente en colecciones de streetwear, y en esta entrega su diseño, más estilizado, apunta a ser el centro de colaboraciones entre sellos de moda independiente y grandes distribuidores.

El revés en la taquilla, sin embargo, podría estar en las puntuaciones de la audiencia. Con un 76 % en Rotten Tomatoes a primera hora del viernes, el boca a bolla determinará si el entusiasmo inicial se sostiene, y con él, la resonancia comercial de su imagen de marca. Mientras, en mercados de habla hispana, el estreno simultáneo en países como México, Argentina y Colombia multiplica el potencial de difusión de tendencias. «El cine de terror ha sido históricamente un termómetro de las ansiedades sociales, y su moda, un reflejo de ello», explica Lucía Rivera, analista de tendencias de la consultora Trendology. «En «Scream 7», vemos una hibridación entre la ropa de protección y la elegancia cotidiana, algo que cala en un público que busca seguridad sin sacrificar estilo».

Otro factor a considerar es el更换 de reparto. La salida de Melissa Barrera y Jenna Ortega, junto a la marcha del director Christopher Landon, ha reconfigurado el mapa de influencias. Si bien algunas actrices eran referentes de moda para el público joven, el foco ahora se centra en el «núcleo histórico» —Campbell, Cox y David Arquette—, cuyas elecciones estilísticas en esta entrega parecen apuntar a un retroceso calculado hacia los noventa, pero con materiales contemporáneos. Este giro podría reactivar la moda de los noventa, pero depurada de su exceso, algo que ya observan en las tiendas de segunda mano de Malasaña y el Born.

En definitiva, «Scream 7» se perfila como un fenómeno bifronte: récord de taquilla y posible incubadora de tendencias. Su impacto en la moda no se medirá solo en ventas de disfraces, sino en la adopción de un ethos de supervivencia estilizada que, en tiempos de incertidumbre, puede encontrar eco en un público que ve en la pantalla no solo terror, sino también un espejo de su wardrobe. El código, esta vez, no lo dicta la crítica, sino el público, y las calles de las capitales hispanas ya parecen dispuestas a descifrarlo.
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Escrito por Redacción - El Semanal

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