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Tyler Ellis analiza el legado perdurable del diseñador Perry Ellis

Detrás del minimalismo elegante de los bolsos Tyler Ellis se esconde una historia de conexión póstuma: el logo que adorna cada pieza no es solo una firma, es la caligrafía de Perry Ellis, el célebre diseñador estadounidense fallecido en 1986, dirigida a su hija Tyler por su primer cumpleaños. Este gesto íntimo, transformado en sello distintivo, resume el proyecto vital de Ellis, una creadora que ha convertido el legado no vivido de su padre en el núcleo de su propia casa de moda, especializada en accesorios de lujo fabricados artesanalmente en Italia.

Perry Ellis, figura capital de la moda americana de los setenta y ochenta, es recordado por democratizar el estilo con frescura y optimismo. Su nombre, medio siglo después de su fundación, sigue vivo no solo a través de la marca que lleva su etiqueta —hoy bajo la dirección creativa de Michael Miille y propiedad del grupo Perry Ellis International—, sino también en la obra de su hija. Tyler Ellis, nacida en Los Ángeles y afincada desde hace años en Florencia, rinde homenaje constante a aquella filosofía que priorizaba la comodidad y la alegría sobre la solemnidad.

La relación de Tyler con su padre es, por fuerza, biográfica pero no memorial. Su madre, Barbara Gallagher, una respetada guionista y productora de televisión —con créditos en programas como «Saturday Night Live» o «The Mary Tyler Moore Show»—, y Perry Ellis se conocieron ya en la cuarentena, cuando ambos deseaban ser padres. Tras un encuentro en el restaurante Mr Chow de Nueva York, acordaron tener una hija. Perry Ellis falleció solo dieciocho meses después del nacimiento de Tyler, en 1986. “No tengo recuerdos de él, pero ha sido una presencia constante a través de sus overwhel, de los testimonios de mi madre y de quienes trabajaron con él”, explica Ellis. “Se le describe como un perfeccionista con un humor maravilloso que hacía que trabajar con él fuera excepcional”.

Esa ausencia temprana no impidió que la sombra de la moda se posara sobre ella, aunque el camino no fue directo. Estudió cine y comunicaciones en la Universidad de Boston y, tras graduarse, una intuición la llevó a Nueva York. “Busqué a personas que habían conocido a mi padre y conseguí una pasantía con Michael Kors durante la Semana de la Moda de Nueva York”, relata. Fue entonces cuando descubrió su vocación. “Lo que me cautivó fue la atención al detalle: la forma en que un cinturón o un centímetro en el bajo podían transformar un look. Esa obsesión por la perfección la llevé a mi propio trabajo”.

En 2011, lanzó su primera línea bajo el nombre Tyler Alexandra, su segundo nombre, “porque sentía que aún debía ganarme el apellido Ellis”. Seis años después, y tras establecerse firmemente en el panorama del lujo,renameó la marca como Tyler Ellis. Su proceso de producción refleja su búsqueda de excelencia: comenzó en un pequeño taller propiedad de LVMH en París, pero pronto migró a los grandes talleres de Italia hasta conseguir, el año pasado, adquirir su propio atelier en Florencia, ciudad a la que se trasladó con su familia.

Sus creaciones son un manifiesto antibarraquista. “No me gustan los logos en el exterior. Si compras un bolso, debe ser por su silueta, su material, su artesanía”, defiende. Su oferta incluye clutches en piel, terciopelo, denim o satén, bolsos de rafia pintados a mano y una línea de accesorios que va desde fundas para móviles hasta bolsas para… residuos caninos. Entre las piezas más emblemáticas destaca el Perry Clutch, un modelo en forma de esmeralda con cadena desmontable, cierre de piña y forro en azul Thayer, colores que evoca directamente a su padre.

Con precios que oscilan entre los 995 y los 8.550 dólares —el Perry Clutch se sitúa en 2.950—, la distribución es selecta: venta directa a través de su web y puntos de venta como Neiman Marcus. Sus clientas incluyen a nombres como Mindy Kaling, Regina Hall o Molly Sims, y sus diseños desfilan en pasarelas de París.

El espíritu festivo y desenfadado de Perry Ellis impregna cada colección de Tyler. “Él hacía que la moda fuera divertida y feliz. No se tomaba demasiado en serio. Sus campañas en la playa transmitían la idea de que la ropa no solo debe hacerte ver bien, sino hacerte sentir bien”, afirma. Esa misma filosofía, asegura, es la que persigue en sus bolsos: piezas atemporales que destilan una intención clara.

Mientras Tyler Ellis construye su propio legado, la marca original de su padre celebra su 50ª aniversaría con un plan de expansión ambicioso. Oscar Feldenkreis, CEO de Perry Ellis International, detalla a medios especializados que, tras adquirir la empresa en 1999 por 75 millones de dólares, siempre han “respetado la visión original”. Hoy, bajo la batuta de Michael Miille, apuntan a un crecimiento internacional, con foco en México, Latinoamérica, Europa e India, además de impulsar la venta directa y la apertura de tiendas propias. “Queremos elevar la marca, algo crucial en el entorno actual”, afirma Feldenkreis, quien mantiene una relación cordial con Tyler: “Siempre nos ha apoyado”.

Tyler Ellis no está directamente involucrada en las celebraciones del medio siglo de la casa que fundó su padre, pero confiesa un deseo íntimo: que su propia marca cumpla 50 años. “Para entonces”, sueña, “ojalá esté flotando en la Costa Amalfitana”. Mientras tanto, cada bolso que sale de su atelier florentino lleva consigo la caligrafía de un padre que, sin ser recordado, vive en el trazo de una hija que encontró en la piel, el terciopelo y la forma una forma de conversar con el pasado.

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Escrito por Redacción - El Semanal

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