La diplomacia australiana en la era Trump: ¿lealtad o silencio estratégico?
El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca en 2025 no solo ha sacudido la escena política estadounidense, sino que también ha obligado a los aliados tradicionales de Washington a replantearse su posición. Australia, un socio histórico de Estados Unidos en materia de defensa y comercio, enfrenta un dilema particular: cómo conciliar la lealtad a su principal aliado con la creciente desconfianza de su propio electorado hacia el expresidente.
Mientras los partidos minoritarios —como los Verdes o la derecha populista— han adoptado posturas radicales a favor o en contra de Trump, el Partido Laborista (ALP), en el gobierno, ha optado por un perfil bajo. Según un análisis de boletines electrónicos enviados por diputados australianos entre 2024 y 2025, los políticos de centroizquierda evitaron mencionar a Trump en sus comunicaciones, a diferencia de sus colegas de la oposición conservadora, quienes celebraron su retorno, o los ecologistas, que lo vincularon con una "amenaza global".

Opinión pública dividida
Los datos son elocuentes: un 72% de los australianos declaró tener poca o ninguna confianza en Trump al inicio de su segundo mandato, según el Lowy Institute Poll. La polarización es clara: el 86% de los votantes de los Verdes rechazó de plano su figura, frente al 39% de los simpatizantes de la coalición Liberal-Nacional. Sin embargo, pese a este escepticismo, Canberra sigue apostando por la alianza con Washington, especialmente tras la firma del acuerdo AUKUS, que refuerza la cooperación militar en el Indo-Pacífico.
El arte de no mencionar lo incómodo
Expertos en política exterior, como el ex primer ministro Malcolm Turnbull, han advertido de los riesgos de esta ambivalencia: si el gobierno critica a Trump, será acusado de debilitar la alianza. Si se muestra complaciente, enfrentará el descontento de su base. La solución, al menos en el discurso público, parece haber sido el silencio. Mientras el senador conservador Ralph Babet proclamaba que "América ha vuelto" y los Verdes comparaban al líder opositor local con Trump, el ALP evitó pronunciarse abiertamente, incluso tras el intento de asesinato contra el mandatario estadounidense en julio de 2024.
¿Una estrategia sostenible?
El caso australiano refleja un desafío global: cómo gestionar relaciones clave cuando los valores propios chocan con los de un aliado impredecible. Para el ALP, el equilibrio es delicado. Como señaló un analista político, "el silencio evita roces diplomáticos, pero a costa de alienar a votantes progresistas". Mientras Trump siga en el poder, esta tensión entre responsabilidad gubernamental y demanda ciudadana no hará más que intensificarse.
Nota: Este artículo se basa en análisis de comunicaciones parlamentarias y estudios de opinión pública citados en fuentes especializadas.

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