El Girona volvió a dejar claro que, cuando el escenario exige, responde. Y lo hizo en el Santiago Bernabéu, con un empate que sabe a mucho más que un punto. Sabe a carácter, a crecimiento y a una identidad que ha ido encontrando a base de golpes durante la temporada.
Porque este equipo, el de la segunda vuelta, no tiene nada que ver con aquel que se perdió en la primera. El cambio de cara es evidente. Donde antes había dudas, ahora hay convicción. Donde faltaba continuidad, ahora hay respuestas en los partidos grandes.
El dato lo explica todo: el Girona es el único equipo de LaLiga que no ha perdido ante el Real Madrid esta temporada. Dos empates, ambos 1-1, que reflejan algo más que igualdad puntual. Reflejan competitividad real. Capacidad para sostenerse ante uno de los gigantes del fútbol mundial.
Y no es un hecho aislado. Es una tendencia. En esta segunda vuelta, el conjunto de Míchel ha dado su mejor versión precisamente contra los equipos más exigentes. Victoria ante el líder, el Barça. Empate frente al segundo, el Real Madrid. Y triunfo frente al tercero, el Villarreal. Tres escenarios distintos, pero una misma conclusión: el cuadro gironí compite cuando el listón sube.


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