Diana Ross, a sus 81 años, no solo continúa dominando los escenarios con su voz legendaria, sino que también lo hace con un estilo que se ha convertido en referencia internacional. Su gira «Diana in Motion» y su reciente actuación en Times Square para despedir el año son testimonio de una vitalidad que parece no conocer límites. Sin embargo, más allá de su música, la Reina de Motown ha labrado un legado en el mundo de la moda, caracterizado por un glamour desenfadado, colores vibrantes y una constante búsqueda de lo espectacular.
A lo largo de seis décadas, desde los éxitos grupales de The Supremes en los años sesenta hasta su consolidación como solista, Ross ha sido una figura central en el panorama estilístico. Su afán por prendas llamativas, adornadas con lentejuelas, metalizados y siluetas ceñidas, la convirtieron en musa de diseñadores como Bob Mackie. Su implicación en el diseño ha sido igualmente notable, como demostró en la película «Mahogany» (1975), donde colaboró con la diseñadora italiana Irene Galitzine, o en su look para la Met Gala de 2025, creado junto a su hijo Evan Ross y el nigeriano Ugo Mozie.
Su influencia se extiende a nuevas generaciones de creadores e iconos.su hija Tracee Ellis Ross o figuras como la modelo Jordyn Woods han reconocido públicamente cómo su enfoque maximalista —donde el calzado, la bisutería y las telas se combinan en narrativas visuales— transforma la moda en un acto de confianza y expresión personal. Woods ha expresado en entrevistas: «Siempre he admirado el drama y la feminidad que imprime en cada look; todo se siente poderoso, divertido y profundamente expresivo. Para ella, el estilo no es solo ropa, es una forma de contar historias».
El calzado, en particular, ofrece un termómetro de su evolución estilística. A través de los años, Ross ha transitado desde los pumps clásicos hasta botas de tacón, sandalias con tiras y sneakers, siempre manteniendo un denominador común: el equilibrio entre sofisticación y audacia. Sus elecciones reflejan tanto las tendencias de cada época como una preferencia personal por la elegancia sin concesiones.
En los inicios con The Supremes, por ejemplo, mientras sus compañeras Florence Ballard y Mary Wilson optaban por pumps discretos de tacón bajo, Ross ya destacaba con botas altas de cuero y tacón de bloque, que combinaba con faldas de cuadros y cuellos de tortuga. En «Mahogany» (1975), su personaje lució sandalias metálicas con tiras finas y tacón de bloque, un detalle que elevaba un vestido vaporoso y colorido; ella misma participó en la conceptualización de esas imágenes.
Los años setenta y ochenta mostraron su versatilidad: en 1977, durante una rueda de prensa en Nueva York, eligió pumps con puntera abierta (peep-toe) y traje a rayas, un guiño a la androginia sofisticada. Dos años después, en el mítico Studio 54, fusionó el espíritu disco con el casual wear al pair jeans ajustados y un tank top con sandalias slingback de tiras. En 1987, para una sesión fotográfica en Los Ángeles, sorprendió con unas discretas zapatillas de lona blancas, mostrando una faceta más relajada sin abandonar el estilo.
En sus compares escénicos, sin embargo,Ross retomaba siempre el brillo. En una actuación en Bélgica en 1997, lució pumps clásicos con un minivestido decorado, reafirmando su imagen de diva. Para el estreno de «ATL» en Hollywood en 2006, optó por sandalias metálicas con tacón aguja y tiras finas, que combinó con una blusa bicolor y falda negra. Ya en 2019, en el desfile de Christian Dior en Marrakech, innovó con una bailarina contemporánea de malla negra y tira gruesa, que equilibraba un vaporoso vestido de tul.
El itinerario del calzado en Diana Ross es, en esencia, un viaje por las transformaciones de la moda femenina, pero también una lección de coherencia estilística. Sus elecciones, desde lo más formal hasta lo casual, transmiten una seguridad que trasciende las épocas. Para el lector actual, su legado sugiere que los zapatos pueden ser el punto de partida para construir outfits que hablen de personalidad, donde incluso un diseño atrevido encuentra su lugar en el armario cotidiano. En cadaaparición, Ross recuerda que la moda es, ante todo, un acto de libertad.



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