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El accidente como refugio de Olafur Eliasson y A Kassen

Resulta sorprendente que dos artistas habituales de las galerías madrileñas y especializados en instalaciones complejas y aun espectaculares se decanten, simultáneamente, por la pintura; y que, además, se centren en asuntos que podríamos considerar semejantes… Hay una apología del accidente que, francamente, un paranoico-crítico … terminal no puede dejar de relacionar con el agotamiento, ya total, de todo lo que podíamos considerar como «un orden» (certificada por Lyotard la defunción de los «grandes relatos» de la modernidad hace cuarenta años, nos faltaba contemplar en directo cómo se desvanecen los espejismos del «orden internacional», «social», «político», «estético», «sexual»….).

Es un asunto que ya se ha tratado hasta la saciedad –pienso en ‘Los nuevos bárbaros’ de Rodrigo Savazoni– y que resulta recomendable abordar con buen humor («más se perdió en Roma», dícese desde entonces) y, desde luego, con imaginación y ánimo constructivo, como lo hacen Olafur Eliasson (Copenhague, 1967) y A Kassen (colectivo fundado en Copenhague en 2004).

Apología del accidente pues, que, curiosamente, remite –por supuesto, arbitrariamente– a una obra que Hal Foster considera fundacional, ‘Desastre con ambulancia’ (1963), de Warhol, pero que, en este amanecer –probablemente ilusorio él también– postdistópico, aboca a una única conclusión: si el orden no funciona, funcionará el desorden.
Olafur Eliasson es un escritor prolífico (en relación con las obras de esta exposición, me recomiendan ‘Some Ideas about Colour’, en ‘Olafur Eliasson: Your Colour Memory’, 2006), un activista (en el Studio Olafur Eliasson de Berlín trabaja un centenar de personas y entre otras cosas fabrican lámparas solares para poblaciones sin acceso a la red eléctrica) y un artista al que cabe calificar de «relacional» (Bourriaud).

Experimentar activamente

Sus macroinstalaciones, que insisten en la observación de fenómenos naturales o asuntos urgentes como la crisis climática, no son artefactos destinados a ser contemplados pasivamente, sino que (re)presentan un fenómeno –Merleau Ponty está en la base de su concepción del arte– que el espectador experimenta activamente.
Son famosas ‘The Weather Project’ (2003), un sol gigante artificial y niebla que expuso en la Sala de Turbinas de la Tate Modern, ‘The New York City Waterfalls’ (2008), unas cascadas inmensas que se situaron a lo largo del East River en Nueva York, o ‘Riverbed’ (2014), un paisaje rocoso con arroyo incluido

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Escrito por Redacción - El Semanal

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