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La búsqueda de CEO ensombrece los resultados del cuarto trimestre 2025 de Lululemon

La incertidumbre ejecutiva en Lululemon nubla unos resultados que, si bien cumplen, dejan ver las grietas de un gigante en transición

El título de activo de moda deportiva por excelencia afronta una crisis de identidad que trasciende lo financiero. Lululemon Athletica presentó ayer sus cifras correspondientes al cuarto trimestre de su ejercicio 2024/2025, cerrado a principios de febrero, y los números, aunque superaron las estimaciones más conservadoras de los analistas, quedaron instantáneamente eclipsados por la pregunta que lleva meses planeando sobre la compañía: ¿quién será el próximo consejero delegado que guíe su recomposición?

La salida el pasado enero de Calvin McDonald, quien pilotó la compañía durante la fase de mayor expansión, dejó un vacío de liderazgo en un momento crítico. Desde entonces, la empresa opera bajo un mando interino compartido entre la directora financiera, Meghan Frank, y el presidente de operaciones comerciales, André Maestrini. Esta estructura temporal, si bien garantiza la continuidad operativa, no disipa la profunda inquietud de los inversores, que asisten a unaProxy battle sin precedentes protagonizada por el fundador Chip Wilson y el fondo de inversión Elliott Management, cada uno con su propio candidato y visión para recuperar el brillo perdido.

La realidad de los números refleja un escenario de crecimiento tambaleante y una dependencia excesiva de los mercados internacionales. A nivel global, los ingresos del trimestre ascendieron a 3.600 millones de dólares, un 1% más. Sin embargo, este dato incluye el efecto de una semana adicional en el periodo comparable del año anterior. Al excluirla, el crecimiento orgánico se sitúa en un más modesto 6%, con un aumento del 4% en términos de moneda constante. Lo más revelador es la disparidad geográfica: mientras la división internacional disparó sus ventas un 17%, las Américas, su mercado principal y corazón histórico, experimentaron una contracción del 4%. Esta degradación en el territorio natal, donde la marca arrastraba problemas de exceso de inventario y una saturación de la oferta, lastró el resultado operativo, que se desplomó un 22% hasta los 812,3 millones de dólares. El margen operativo se redujo 660 puntos básicos, hasta el 22,3%, y el beneficio por acción, aunque superó las previsiones, cayó considerablemente hasta los 5,01 dólares.

Las proyecciones para el nuevo año son cautelosas. La compañía prevé un crecimiento de ventas de entre el 2% y el 4%, hasta una horquilla de 11.350 a 11.500 millones de dólares, y espera que el beneficio por acción diluido retroceda hasta un rango de 12,10-12,30 dólares, lejos de los 13,26 del ejercicio precedente. Tras el anuncio, las acciones, que ya acumulan un fuerte deterioro en el último año, apenas se movieron en el after-hours, un reflejo de cómo el mercado ha descontado ya lo operativo y espera, sobre todo, un nombre y un plan estratégico definido.

En la conferencia con analistas, Meghan Frank, en su primera comparecencia como CEO interina, admitió la necesidad de «corregir el rumbo» en varias líneas. El «plan de acción» pivota sobre tres ejes: creación de producto, activación de producto y habilitación empresarial. El objetivo prioritario es recuperar el crecimiento en ventas a precio completo en Norteamérica, una tarea que pasa por aumentar la novedad de las colecciones, reducir el nivel de descuentos, disminuir el número de referencias (SKU) y reequilibrar los niveles de inventario, que al cierre del año eran un 18% superiores (aunque solo un 6% más en unidades).

El relieve de esta situación se magnifica por las maniobras en el consejo de administración. Ayer se anunció la incorporación de Chip Bergh, ex presidente y CEO de Levi Strauss & Co., al directorio, en sustitución de David Mussafer. Bergh, un perfil experimentado en transformaciones de marcas globales, ha sido presentado como un refuerzo clave. Sin embargo, su llegada no es unQuite comercio, sino parte de un proceso de «renovación reflexiva y continua», según Martí Morfitt, presidenta ejecutiva del consejo. La declaración institucional subraya que la búsqueda del CEO definitivo sigue siendo la «prioridad absoluta».

La encrucijada en la que se encuentra Lululemon va más allá de un simple relevo en la cúpula. Representa un punto de inflexión para toda la categoría del athleisure premium. Su capacidad para redefinir su propuesta de valor, gestionar la competencia creciente (desde las marcas de lujo que abrazan el deporte hasta las fast fashion especializadas) y reconectar con una cliente fiel que percibe una merma en la exclusividad y la innovación, estará determinada por la figura que tome las riendas. Mientras tanto, la compañía navega en un patrón de espera, donde cada lanzamiento de producto y cada resultado trimestral se analizará no solo por su mérito propio, sino como una señal del futuro que se avecina. El mundo de la moda observa con atención, consciente de que lo que ocurra en la sede de Vancouver podría reconfigurar el equilibrio de poder en el vestuario urbano global.

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Escrito por Redacción - El Semanal

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