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Marcas contemporáneas reinterpretan códigos de lujo en la Semana de la Moda de París

El concepto de lujo ha dejado de ser patrimonio exclusivo de las casas centenarias. En la reciente Semana de la Moda de París, un grupo significativo de marcas del segmento contemporáneo ha desplegado una estrategia de ascenso posicional que imita, con precisión calculada, los códigos y las tácticas de la alta gama. Este fenómeno va más allá de un simple aumento en los precios; se trata de una redefinición integral de la experiencia de marca, la presentación de colecciones y, en última instancia, el producto en sí mismo.

El cambio de paradigma es evidente en la forma en que estas etiquetas se relacionan con su clientela más exclusiva. Lejos de limitarse a las transacciones comerciales, se está imponiendo el clienteling de alta costura. Un ejemplo paradigmático es Iro, que ha institutionalizado la realización de experiencias VIP en hoteles de lujo para sus clientes de mayor volumen en China, combinando visionado de colecciones, acceso a desfiles y sesiones de estilismo privadas. Esta aproximación, antes reservada para grupos como LVMH o Kering, señala una democratización de las prácticas de fidelización ultra-personalizadas.

Paralelamente, la asociación con el mundo del arte y la cultura se consolida como un vehículo para ganar en sofisticación y relevancia. Longchamp, históricamente ligada a la marroquinería accesible, ha fundamentado su propuesta de prêt-à-porter en una colaboración con la artista Caroline Hélain, trasladando sus paisajes textiles abstractos a prendas y sus bolsos emblemáticos. Sandro, por su parte, eligió el fastuoso Opéra Comique para su presentación, rodeando el desfile de performances de danza, exposiciones fotográficas y una atmósfera de gala que busca evocar el aura de una maison tradicional.

Esta Investing en experiencias va directamente ligada a un reposicionamiento de las colecciones. La omnipresente silueta oversize de las últimas temporadas cede paso a una silueta más arquitectónica y depurada. Los diseñadores abrazan la estructura: chaquetas entalladas, hombros esculturales, cinturas ceñidas y faldas lápiz. Es un regreso a la elegancia pulida que se filtra tanto en el tailoring universitario revisitado de Claudie Pierlot como en la interpretación del New Look parisino que propone Paul & Joe, donde el precio de un abrigo ronda los 1.000 euros, objetivo a un profesional urbano que busca un look impecable.

Sin embargo, el verdadero motor del crecimiento financiero para estas marcas reside, cada vez más, en los accesorios. El calzado, los bolsos y la pequeña marroquinería han dejado de ser complementos para convertirse en los ejes centrales de la cuenta de resultados. Maje ha lanzado un nuevo bolsomini, “The Bijou”, y ha expandido sus líneas de calzado y joyería; Iro ha introducido un bombée de charol recogido; y Zadig & Voltaire, en su regreso a la pasarela después de dos años, mostró a todas las modelos con algún tipo de bolso, cumpliendo así la ambición declarada de su fundador, Thierry Gillier, de que esta categoría supere el 60% de las ventas.

El análisis por marca revela distintas vías para alcanzar esta nueva codicia moderna. Ba&sh, con sus fundadoras de vuelta al mando creativo, eligió un path contracorriente, abrazando un espíritu bohemio y festivo inspirado en Coachella, con plumas, lentejuelas y denim ribeteado, en clara oposición al minimalismo generalizado. Loulou de Saison, en cambio, miró hacia la alta sociedad neoyorquina de los 60, materializada en abrigos negros con buf

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Escrito por Redacción - El Semanal

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