La 31ª edición de la fiesta posterior a los Oscar organizada por Vanity Fair marcó un antes y un después en su historia al celebrarse por primera vez en el Museo de Arte del Condado de Los Ángeles (LACMA). Entre la constelación de estrellas que desfilaron por su alfombra, Olivia Rodrigo volvió a captar la atención de los especialistas en moda con una elección que reafirmó su madurez estilística sin abandonar su esencia youthful. La cantante escogió un diseño de la casa Saint Laurent, firma con la que mantiene una conexión recurrente en sus apariciones más cruciales.
El vestido, obra del director creativo Anthony Vaccarello, presentaba una silueta de mini longitud que contrastaba con la elegancia tradicional de la alfombra roja. Su punto focal era un escote bandeau sin tirantes en un tono nude pálido, que se ajustaba al torso como una segunda piel. En la cintura, la prenda se desataba en un lazo oversized del mismo tejido, un detalle que introducía una dosis de coquetería juguetona. desde ese punto, la falda se abría en un volumen redondeado y casi esférico, cubierto por una densa capa de plumas tone-on-tone. Este efecto, que recordaba a un bocadillo de burbuja o a los volantes de un vestido de cóctel de los años 60, dotaba al conjunto de un movimiento tridimensional y una textura que brillaba bajo las luces del evento. Rodrigo completó el look con pumps de satén puntiagudos en el mismo color pálido, alargando su figura y manteniendo la paleta monocromática.
Esta elección se producía menos de dos semanas después de que la artista luciera un diseño completamente distinto en la Semana de la Moda de París. Para el desfile de otoño 2026 de Chloé, optó por un vestido vaporoso en el mismo tono rosado pálido, pero de carácter bohemio, con tirantes finos y superposiciones de encaje. La comparación entre ambos looks es elocuente: mientras el diseño parisino proyectaba una frescura romántica y desenfadada, el Saint Laurent de Los Ángeles se decantaba por una actitud más arquitectónica, sensual y con una actitud claramente unsure. Es la evolución de la princesa del pop hacia una mujer que experimenta con volúmenes y texturas sin perder su voz personal.
La afinidad de Rodrigo con Saint Laurent no es nueva. Su relación con la casa francesa comenzó en la Met Gala de 2021, donde debutó con un catsuit de encaje negro con ribetes de plumas, también de Vaccarello. Posteriormente, en 2024, hizo una aparición estelar en los Governors Awards con un vestido de alta costura de Yves Saint Laurent de la colección otoño 1997, un diseño de妃 que revelaba su conocimiento y respeto por el archivo de la firma. Esta última aparición en la fiesta de Vanity Fair se inserta, por tanto, en una narrativa de estilo coherente, donde la cantante utiliza la moda de alta costura para trazar una línea de continuidad entre sus distintos proyectos musicales y su imagen pública.
La fiesta de Vanity Fair, considerada el after party más mediático de la temporada de premios, funciona como un termómetro de las tendencias y las alianzas entre celebridades y casas de moda. Que Rodrigo, en un momento de máxima exposición global tras el lanzamiento de su último álbum, haya confiado de nuevo en Saint Laurent, subraya el papel de Vaccarello como形态ador de un estilo que habla a una generación: uno que es a la vez audaz, femenino y cómodo en su propia piel. Su look en el LACMA no fue solo un outfit, sino una declaración de intenciones sobre cómo la moda puede ser un vehículo para narrar una transición.


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