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Reed Jobs prioriza investigación contra el cáncer sobre su legado familiar

Reed Jobs, el emprendedor detrás del fondo de capital de riesgo Yosemite, ha convertido en los últimos tres años una promesa ambiciosa en una máquina de creación de startups oncológicas, impulsada por la convergencia de biotecnología e inteligencia artificial. El fondo, que cerró su segunda ronda con un objetivo de 350 millones de dólares, destina alrededor de un tercio de esos recursos a compañías que él y su equipo fundan directamente—proyectos surgidos de colaboraciones con universidades como Yale, Berkeley y Stanford—y el resto a proyectos externos que integran en su portafolio. Un 2,5 % del capital se canaliza a un fondo de donaciones sin condiciones, complementado con un millón de dólares anuales provenientes de sus honorarios de gestión.

El enfoque exclusivo de Yosemite en oncología, que representa cerca del 40 % del sector biotecnológico, le permite concentrar recursos en los llamados “vacíos terapéuticos”. Entre sus apuestas destacan Azalea, nacida de una beca otorgada al laboratorio de la Nobelista Jennifer Doudna y ya en fase clínica, y Quarry, una empresa cofundada con Craig Crews que explora la “proximidad inducida”. Esta estrategia consiste en arrastrar una proteína patógena hacia el sistema de degradación propio de la célula, en lugar de bloquearla directamente, y ha abierto nuevas posibilidades para atacar dianas “indruggables” como KRAS y p53.

La coyuntura actual potencia esa visión. Un oleaje de expiraciones de patentes de fármacos blockbusters está generando una ventana de oportunidad sin precedentes, mientras que el balance de caja de la industria farmacéutica ha alcanzado niveles récord gracias a las reservas acumuladas durante la pandemia. Esa liquidez ha disparado la actividad de fusiones y adquisiciones: en los últimos ocho meses se han registrado operaciones como la compra de Kelonia por parte de Eli Lilly por 7 mil millones de dólares y la expansión de los anticuerpos conjugados. La capacidad de Yosemite para detectar y acompañar esas tendencias se refleja en su participación en la reciente duplicación de la supervivencia del cáncer pancreático mediante la inhibición de KRAS, un avance liderado por Revolution Medicines.

La inteligencia artificial se ha convertido en el motor de la estrategia operativa de Yosemite. Según la publicación especializada, la IA acelera tareas rutinarias de descubrimiento de fármacos y, más importante, permite identificar “crípticos” surcos estructurales en proteínas que antes se consideraban inescrutables. En la práctica, estos algoritmos facilitan la generación de “brazos de control sintéticos” para ensayos clínicos de fase III, reduciendo a la mitad la necesidad de reclutar grupos de control y acortando los costos de un proceso que promedia 260 millones de dólares. La FDA ya muestra predisposición a aceptar esos diseños, lo que podría transformar la velocidad con la que llegan nuevos tratamientos a los pacientes.

El portafolio de Yosemite no se limita a moléculas pequeñas. Histosonics, la única compañía de dispositivos del fondo, emplea la histotripsis—una técnica que crea y colapsa microburbujas de aire para destruir tejido tumoral sin incisiones—en tumores hepáticos y pancreáticos. Esta solución no invasiva complementa la estrategia de edición epigenética de Tune Therapeutics, que busca silenciar la hepatitis B mediante la adición o eliminación de grupos metilo en el ADN hepático, imitando el fenómeno que permite a una minoría de personas eliminar espontáneamente el virus.

A pesar de la expansión, el modelo de Yosemite no está exento de riesgos. De los 25 proyectos financiados en ambas rondas, dos han fracasado por razones científicas, una pérdida esperable cuando se apuesta por etapas tempranas y objetivos altamente complejos. La receta de Jobs para los fundadores que buscan capital de gran calibre es clara: considerar a las grandes farmacéuticas como socios dinámicos, cuyas prioridades pueden cambiar rápidamente tras la crisis sanitaria del COVID‑19. Mantener una visión flexible y una narrativa sólida sigue siendo crucial; según la publicación especializada, la falta de storytelling ha llevado al fracaso a empresas con ciencia sobresaliente.

La mirada de Jobs se extiende más allá del cáncer. Reconoce que los inhibidores de GLP‑1, pilares del éxito reciente de Eli Lilly, podrían ofrecer protección contra enfermedades neurodegenerativas y ciertos cánceres, al abordar la obesidad, uno de los dos factores de riesgo “pan‑enfermedad”. Esta perspectiva abre la puerta a inversiones que combinan metabología, inmunología y genética, mientras el fondo sigue explorando la reactivación de p53, la supresión tumoral más frecuente en la humanidad.

En definitiva, el proyecto Yosemite muestra cómo la sinergia entre capital de riesgo, tecnología de IA y ciencias de la vida está redefiniendo el ritmo y la dirección de la investigación oncológica. Con una estrategia que abarca desde la edición epigenética hasta dispositivos ultrasónicos, el fondo se posiciona como un referente de la nueva ola de innovación donde la “Tecnología” se vuelve tan esencial como la biología para curar el cáncer.

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Escrito por Redacción - El Semanal

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