Roger Vivier refuerza su legado en París con una flagship que eleva la experiencia de la alta costura a un nivel íntimo y personalizado
En un movimiento que consolida su estrategia de crecimiento selectivo, la maison Roger Vivier ha inaugurado una nueva boutique insignia en el corazón de la legendaria Rue du Faubourg Saint-Honoré de París, a pocos metros de su antigua dirección.Más que un simple cambio de ubicación, esta apertura representa una apuesta decidida por ofrecer un servicio de alta costura accesible a sus clientes más exigentes, combinando el esplendor de su herencia con un enfoque contemporáneo en la personalización.
La nueva tienda, con sus 270 metros cuadrados (aproximadamente 2,900 pies cuadrados), se erige ahora como el espacio comercial más grande de la marca a nivel mundial. Su ubicación es estratégica: en un corredor de lujo donde convive con gigantes como Hermès y la recién estrenada boutique de Alaïa, garantizando una visibilidad y un flujo de clientes de alto poder adquisitivo. Este traslado, a menos de cien yardas de la anterior, subraya la confianza de la casa en el potencial de París como epicentro de su universo.
Pero el verdadero corazón de esta flagship es la introducción del servicio Atelier Vivier, una propuesta que trasciende la venta tradicional para convertirse en una experiencia de creación colaborativa. Los clientes pueden ahora acceder a un proceso made-to-order para piezas icónicas de la casa, como el zapato Belle Vivier. Seleccionan entre 28 modelos de calzado y 7 de bolsos, combinando a su gusto más de mil tejidos, pieles y hebillas distintas. El toque final: personalizar el forro de los zapatos o el interior de los bolsos con un nombre, iniciales, fecha o número de la suerte. Este servicio, con precios entre un 10 y un 20% superiores a las piezas de colección, será presentado en un espacio exclusivo llamado la Salle d’Argent, revestida con auténtica hoja de plata y diseñada para citas privadas, presentaciones en pequeño formato y experienzas a medida.
El diseño interior, obra del equipo interno del Grupo Tod’s (propietario de la marca), es un diálogo entre la memoria de Roger Vivier y la estética actual. Los muros, en estuco color crema y nácar elaborado por un artista toscano, se encuentran con un papel pintado rosa palo de la casa Pierre Frey y alfombras de CC-Tapis. El mobiliario mezcla piezas de diseño de Mies van der Rohe y B&B Italia con espejos de Hervé van der Straeten y un arcón de estilo Luis XVI. Un tributo directo a la historia del barrio, ya que Vivier abrió su primer taller en la cercana Rue Royale en 1937.
La boutique funciona como un gabinete de curiosidades contemporáneo. La escalera de piedra que conecta las dos plantas está flanqueada por objetos curados por Inès de la Fressange, musa y embajadora de larga data de la casa: corales, moldes de zapatos, libros de arte y esculturas de zapatos en mármol del artista australiano Mark Stuart. En la vitrina que da a la calle, una maqueta de la sede de Maison Vivier (la mansión del siglo XVIII en Saint-Germain-des-Prés inaugurada el pasado otoño) comparte espacio con tres bolsos Efflorescence únicos, bordados con rosas y con un precio de alrededor de 5.000 euros.
La propuesta de producto también refleja una estrategia definida. Según una portavoz, en esta flagship el 60% de la oferta está dedicada al daywear, incluyendo sneakers, mientras que el 40% corresponde a eveningwear. Esto demuestra un esfuerzo por posicionar la más allá de la alfombra roja, donde la marca es una habitual (vistió a Anne Hathaway y Mia Goth en los últimos Oscar). La meta declarada es ambiciosa: que en un plazo de tres a cinco años, el calzado represente el 80% de los ingresos totales y los accesorios el 20%, un ajuste de su cartera actual.
Mientras la boutique abría sus puertas en París, Gherardo Felloni, director creativo, iniciaba una gira de presentación de su colección Pièce Unique de bolsos artesanales y exclusivos inspirados en los motivos animales explorados por el fundador, con paradas en Corea del Sur, Japón y China. Este paralelismo refuerza el mensaje de la casa: la creación más artesanal y personalizada no es un evento local, sino el núcleo de una expansión global.
La nueva flagship del Faubourg Saint-Honoré no es solo un punto de venta; es la materialización de la filosofía de Roger Vivier, definida por Inès de la Fressange: “Un enfoque ecléctico pero meditado, que siempre define el estilo de la maison”. En un mundo de producciones masivas, Vivier apuesta por redefinir el lujo como un diálogo íntimo entre la casa y su cliente, donde cada detalle, desde la hoja de plata en la sala de espera hasta el hilo de una inicial en el forro, cuenta una historia de curiosa originalidad.



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